Crítica, Revista Hispanoamericana de Filosofía, Volume 15, number 45, December 1983
Private Names
[]
Enrique Villanueva
Instituto de Investigaciones Filosóficas
Universidad Nacional Autónoma de México


Abstract: El trabajo ofrece un argumento en favor de la tesis de que el lenguaje (mental) es fundamentalmente, por lo menos, un lenguaje filosóficamente privado.
En la primera parte se argumenta que el uso de los nombres exige una independencia o separación entre el nombre y lo nombrado. También se necesita de algo que pueda enlazar o relacionar el mismo nombre con la misma cosa (en el caso de los nombres propios). En consecuencia, si el nombre sólo se puede usar en conjunción constante con la cosa u objeto nombrado, no se comprendería cómo puede ser un nombre (propio).
En la primera parte se argumente que el uso de los nombres exige una independencia o separación entre el nombre y lo nombrado. También se necesita de algo que pueda enlazar o relacionar el mismo nombre con la misma cosa (en el caso de los nombres propios). En consecuencia, si el nombre sólo se puede usar en conjunción constante con la cosa u objeto nombrado, no se comprendería cómo puede ser un nombre (propio).
Al examinar la tesis de la privacidad filosófica, crucial para defender la idea de un lenguaje privado, nos percatamos de que la única manera de que las palabras de ese lenguaje no puedan ser comprendidas por nadie aparte del poseedor del lenguaje privado y de los objetos privados consiste en introducir dos leyes, a saber, la ley funcional de la comprensión privada de acuerdo con la cual:
La medida de la comprensión (privada) es la medida en que se tiene experiencia (privada) o se está en contacto inmediato (privado) con los referentes (privados).
De esta ley se deriva la ley de la inteligibilidad o comprensión privada que establece que:
El signo S y la experiencia con la cual se lo asocia deben estar tan estrechamente relacionados como sea posible pues cada grado en el que se debilita o abre la relación entre S y la experiencia privada será un grado en el que otras personas aparte de Cartesio (el putativo hablante del lenguaje privado) podrían —en principio— entender S o un grado en el cual S se convierte en un flatus vocis (aun para el propio Cartesio).
Esta última ley conforma la situación privada original (SPO) en la cual tiene que decidirse si Cartesio puede tener nombres para poder decidir posteriormente si puede tener lenguaje.
Se considera un conjunto de posibles maneras de introducir nombres privados y se las rechaza porque en una forma u otra violan la SPO. Se concluye que no se pueden introducir nombres privados ya sean nombres propios o nombres comunes.
El argumento no depende de usar tesis positivas como las de los criterios, o escepticismo en el uso de la memoria, sino solamente de tomar en serio al cartesiano y hacer explícitos los supuestos que hacen plausible y posible su idea de una privacidad filosófica. Cuando esos supuesto se hacen explícitos en la SPO las consecuencias se siguen directamente y no es posible volver inteligible el uso de nombres (sean nombres propios o nombres comunes).
Tampoco depende el argumento de la introducción de alguna paradoja. No depende ni de tesis positivas ni de paradojas sino de lo que el propio cartesiano adelanta al proponer su tesis. En este sentido es un argumento ad-hominem que cuestiona una suposición filosófica crucial del pensamiento cartesiano. Otras consecuencias semánticas, epistemológicas y metafísicas se siguen de esta manera de rechazar la idea de un lenguaje filosóficamente privado. En otros trabajos futuros trataré de establecerlas así como de mostrar las interconexiones entre ellas.
[E.V]
Keywords:

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