Crítica, Revista Hispanoamericana de Filosofía, Volume 21, number 63, diciembre 1989
The Simplicity of the Tractatus
[La sencillez del Tractatus]
Elizabeth Anscombe
Universidad de Cambridge
Inglaterra


Abstract:

1) La doctrina central del Tractatus es la que establece una relación proyectiva entre lenguaje y mundo, La proposición (elemental) tiene la posibilidad de combinar sus elementos —nombres— de la misma manera en que se combinan los elementos —objetos— de un hecho atómico. A esta posibilidad Wittgenstein la llama “la forma de representación” y la identifica con la forma lógica, es decir, con la forma de la realidad. Muchos piensan en la forma lógica como algo propio del lenguaje y del pensamiento; sin embargo, Wittgenstein no privilegia la perspectiva del pensamiento y considera la epistemología como perspectiva del pensamiento y considera la epistemología como “filosofía de la psicología”. E. Anscombe comenta que aunque es cierto que la teoría del conocimiento es parte de la filosofía de la psicología, no es correcto incluir el verbo conocer entre los verbos psicológicos.

2) Esta doctrina está en íntima relación con las tesis finales del Tractatus:

2.1) La concepción del Tractatus acerca de la relación entre proposiciones y hechos excluye los juicios éticos y religiosos del campo de proposiciones significativas. Las proposiciones sólo pueden describir hechos, no valores. Por ello, Wittgenstein intentará, como dice a Ficker, caracterizar la ética desde dentro. La idea es clara, dice E. Anscombe, si pensamos que al describir los contornos de un cuerpo dibujamos los contornos del espacio que lo rodea.

2.2) Wittgenstein dice que quien entiende las proposiciones del Tractatus sabe que carecen de sentido. E. Anscombe comenta que las proposiciones de la filosofía no son sinsentidos en el mismo sentido en que lo son tautologías y contradicciones (de hecho, el texto alemán original distingue dos tipos de sinsentidos: “unsinning” y “sinnlos”), por ello este reconocimiento del sinsentido debe ir precedido de cierto uso de las proposiciones: las proposiciones filosóficas deben escalarse como los peldaños de una escalera pues sólo así resultaran esclarecedoras.

2.3) A pesar de los límites impuestos a la significatividad, nuestro lenguaje contiene expresiones (como “dios” o “inefable”); por ello, dice E. Anscombe, la idea central de Wittgenstein parece ser prescriptiva: no debemos hacer uso de estas expresiones, sino limitarnos a hablar sobre los hechos del mundo, sin por ello dejar de tener presente la importancia de lo inefable. Wittgenstein viola esta norma en su “Conferencia sobre ética”. Al parecer, lo que sucede es que, aunque está hondamente preocupado por cuestiones éticas y religiosas, le desagrada la pretensión de una teoría —ética o teológica— que intente describir lo inefable.

3) El segundo Wittgenstein reconoce en el Tractatus algunas ideas sólidas. La tesis de que el mundo tiene una estructura lógica aún no ha sido refutada y constituye una solución posible a uno de los problemas más profundos de la filosofía. Por otro lado, hay tesis que han cambiado: en sus escritos posteriores Wittgenstein mostró que muchos conceptos son invenciones humanas. Se rechaza también la idea de una forma general de la proposición (aunque ello no implica que se rechace la tesis de las proposiciones elementales). Finalmente hay quienes piensan que Wittgenstein llegó a la idea de que los conceptos no se pueden criticar: diferentes comunidades pueden tener sus propios conceptos, lo cual impide juzgar sobre su corrección; en la opinión de E. Anscombe, esto convertirá su doctrina posterior en una trivialidad. De cualquier manera —reconoce E. Anscombe— una evaluación más completa debería detenerse en aspectos que, en este trabajo, no han sido mencionados,

[Isabel Cabrera]
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