Crítica, Revista Hispanoamericana de Filosofía, Volume 12, number 36, December 1980
Kind Words and Understanding
[]
Mark Platts
Birbeck College, London

Abstract: 1. Putnam ha señalado la importancia que tienen las palabras que designan clases para nuestra comprensión de la semántica; pero Platts cree que sus formulaciones se presentan en un marco teórico inadecuado, pues muchas preguntas cruciales acerca de tales palabras se dejan de lado. En este artículo el autor propone fundar esta afirmación examinando una tesis específica acerca de la semántica de tales palabras que repetidamente Putnam ha defendido y subrayado.
2. Platts presenta una breve reconstrucción de los puntos principales del análisis de Putnam de las palabras para clase, y restringe nuestra atención, por simplicidad, a casos “claros” de palabras para clases naturales, p. ej., “agua”, “oro”, “tigre”, “limón”. Una tradición persistente ha buscado y ofrecido definiciones a priori de tales palabras. Estas definiciones pretenden dar condiciones necesarias y suficientes para la aplicación de las mismas; y las definiciones son a priori en el sentido (ligeramente especial) de que se supone que las verdades putativas ofrecidas por tales definiciones las conoce quienquiera que entienda tales palabras sólo en virtud de que las entiende. Ejemplos de tales definiciones a priori serían:

agua: líquido incoloro, quita la sed, etc.
oro: metal amarillo, pesado, etc.

Frente a tal tradición, ejemplificada por estas definiciones, surgen, al menos, cuatro tipos de problemas. Estos trascienden a las anteriores definiciones tipo e interactúan de tal manera que no pueden superarse todos simultáneamente modificando este tipo de enfoque. Los problemas son:

(i) Cada una de las definiciones incluye lo que, intuitivamente, Platts denominará palabras para clases naturales de nivel superior: “líquido”, “metal”, en los ejemplos. ¿Cómo han de definirse estas palabras dentro de este esquema tradicional?
(ii) Cada definición tipo incluye un etc.
(iii) Si dejamos fuera el etc. Ninguna de las definiciones ofrecidas proporciona condiciones suficientes para la adecuada aplicación de los términos. Algo puede tener la apariencia de ser agua o de ser oro, sin serlo. Esto seguirá siendo así aun si ampliamos tales definiciones, mientras estas adiciones satisfagan el requisito de que las definiciones resultantes expresen verdades a priori (en el sentido señalado).
(iv) Las definiciones tampoco dan condiciones necesarias de aplicación. Las definiciones ofrecidas tan sólo describen a los objetos en condiciones normales, pero éstas pueden cambiar.

3. Contra la tesis tradicional, Putnam ofrece una explicación alternativa acerca de cómo han de “definirse” las palabras para clase. Primero, da cuenta de cómo se introducen al lenguaje las palabras para clase. Tal introducción comienza con una referencia a algún conjunto de ejemplares paradigmáticos de la clase en cuestión. Aquí Platts supondrá que en esto no hay problemas. En el contexto de esta introducción mantendrá que, por ejemplo, cualquier cosa será agua si es un líquido de la misma clase que los que tenemos en el conjunto paradigmático o será oro si es un metal de la misma clase de la que ejemplifican los paradigmas. Luego puede eliminarse la referencia a la mismidad de clase mediante una investigación científica de las estructuras explicativas (que se suponen comunes) en los paradigmas: la estructura molecular o la atómica en los casos del agua y del oro respectivamente. Esta investigación permitirá dar cuenta, luego, de las propiedades “superficiales” comunes y, por ejemplo, podremos decir que algo es oro si tiene la misma estructura atómica que tienen los ejemplares paradigmáticos. Los detalles se esta investigación científica son conocidos, obviamente, a posteriori, de tal manera que la verdad de las condiciones de membresía es una clase natural será a posteriori, también.
4. El autor supone que el esquema de explicación que ha dado es correcto, aun cuando muy simplificado, para cuando menos algunos casos favorables de palabras para clases naturales relativamente “no teóricas”. Algunos comentarios más son pertinentes. El sentido austero de una palabra para clases naturales, lo ofrece un enunciado con una forma parecida a la siguiente (más adelante Platts volverá sobre este punto):

(SA) “es oro” es verdadero de α sii α es oro.

Razones de muy diversa índole han impedido que tales reglas austeras se acepten como candidatos plausibles de las definiciones a priori tradicionales. Algunas de tales razones son: la trivialidad de tales reglas (se dirá más acerca de esto). Razones que se han esgrimido para rechazar tales reglas como posibles descripciones de los significados de las palabras para clases naturales, son que tales reglas no permiten adquirir un dominio de la palabra a quién aún no lo tiene; otra razón es que tales reglas no ofrecen un análisis descomposicional del sentido de las palabras para clases naturales; se ha señalado, además, que tales reglas no pueden servir como guías en el uso de las palabras, así como tampoco pueden indicar cómo ha de verificarse un enunciado que contenga tales palabras.
Con riesgo de producir confusiones, Platts expone las consideraciones señaladas de la siguiente manera. Por una formulación del sentido definicional de una expresión, entenderá una formulación de sus condiciones de aplicación verdaderas, necesarias y suficientes, con cuando menos una de las siguientes propiedades:

(i) es el menos posible que, para algún hablante, el enunciado sirva para proporcionarle un dominio de la expresión en cuestión; o
(ii) el enunciado sea “descomposicional” en el sentido de que es al menos posible que dé razón de algunas de las inferencias que comprenden enunciados en los que figura la palabra en cuestión; o
(iii) al menos es posible que, para algún hablante, el enunciado sirva como regla guía para el uso de la palabra en cuestión; o
(iv) es posible, al menos, que el enunciado sirva como guía acerca de cómo han de verificarse enunciados que contengan la palabra en cuestión.

Al menos dos razones llevan al autor a construir una definición como la anterior: conforme al análisis de Putnam, la referencia de una palabra para clase natural es algo que surge (parcialmente) con anterioridad a su sentido definicional, lo que va en contra de lo que se sostiene conforme a diferentes explicaciones de análisis de significado; por otra parte, la anterior definición pretende reflejar el carácter (ad hoc) de las ideas sobre análisis de significado de Putnam, quien en puntos diferentes de sus discusiones parece estar influido por varias de las restricciones posibles anotadas en la definición.
5. Más observaciones preliminares. Dado que, conforme a la explicación de Putnam, la formulación del sentido definicional de una palabra para clases naturales será una verdad (putativa) a posteriori, resultado de la investigación empírica de la extensión parcialmente fijada, el hablante ordinario, aun cuando sea competente en el uso de una de tales palabras, no necesita tener idea alguna de la teoría científica mediante la cual se fijaron las condiciones de aplicación, necesarias y suficientes, de aquélla.
Para evitar, entonces el cargo de que es arbitrario el uso que hace de tales palabras, Putnam propone su “hipótesis de la universalidad de la división de la labor lingüística”, conforme a la cual tal uso no es arbitrario en tanto que el mismo siempre puede justificarse, en caso de disputa, apelando a la opinión de los especialistas pertinentes, miembros de la comunidad lingüística del hablante.
Sin embargo, es importante distinguir claramente entre este fenómeno “sociolingüístico” de la división de la labor lingüística y el rasgo “lógico semántico” de las palabras para clases naturales, la prioridad parcial de la referencia frente al sentido definicional.
6. Para señalar cuál sea el significado de una palabra para clases naturales, Putnam ofrece la siguiente “descripción en forma normal” del significado de “agua”:

Marcadores sintácticos

Marcadores semánticos

Estereotipo

Extensión

 

Sustantivo de masa; concreto

 

Clase natural; líquido.

 

Incolora; transparente; insípida; quita la sed; etc.

 

H2O

 (con más o menos impurezas)

Pero, en el mismo artículo en que esto aparece, Putnam nada nos dice acerca de la naturaleza general del significado, del objetivo teórico de la noción misma de significado. Quizás esto sea intencional pero, a pesar de todo, sigue en pie la cuestión acerca de cuáles “hechos” tienen que ver con la noción de significado y de cómo se relacionan con ella.
7. Lo insatisfactorio del tratamiento del significado, por parte de Putnam surge al considerar sus razones para incluir como “parte del significado” de una palabra para una clase natural lo que él denomina su estereotipo. Esto necesita de un apoyo razonando para eliminar la sospecha de que no es un residuo del fantasma del modelo a priori del análisis del significado que Putnam mismo ha criticado de manera tan convincente.
8. Putnam sostiene que para comunicar el uso aproximado de una palabra para una clase natural hay que comunicar ciertos hechos centrales que incluyen la descripción estereotípica.
Putnam, sin embargo, deja inarticuladas y sin defensa las conexiones que se supone se dan entre “comunicar el uso aproximado” y una representación teórica del significado. Parece que apoya una de las ideas tradicionales acerca del análisis del significado, la que señala que cualquier regla que pretenda describir el significado de una expresión debe ser tal que pueda usarse para hacer que quien carece del dominio de la expresión, lo adquiera por su medio. Pero es incoherente imponer esta limitación como un requisito completamente general sobre las “descripciones en forma normal” del significado y Putnam no da razón alguna para retenerlo en el caso especial de las palabras para clases naturales.
Parece que no es posible formular una tesis acerca de lo que tiene que hacerse para “comunicar el uso” de una palabra. Pero, por otra parte, la tesis de Putnam no indica que para comunicar tal uso se tenga que enunciar expresamente la descripción estereotípica sino que, más bien, la tesis debe ser que tal descripción estereotípica ha de poder extraerla la audiencia de las muestras a las que se aplica la palabra, cuando la descripción no se enuncia expresamente.
Supongamos que es verdad que, para que el auditorio llegue a adquirir incluso una comprensión aproximada de la palabra en cuestión, mediante la mostración de casos paradigmáticos de aplicación, debe formarse algunas creencias pertinentes acerca de la clase que (parcialmente) se muestra; y que la pertinencia de las creencias consiste en que las mismas sean acerca de rasgos típicos de la clase. Sin embargo, de esto no se sigue que haya algún conjunto único de rasgos típicos que la audiencia debe captar.
Bastaría con que las creencias que adquiriera nuestro auditorio fueran inteligibles. Podemos incluso suponer que haya personas con una concepción diferente a la nuestra acerca de una determinada clase natural sin que, por esto, tengan un concepto diferente de la misma: Aun sin poder dar un detalle de los rasgos típicos de un tigre, por ejemplo, podemos inteligiblemente enseñar el uso de la palabra “tigre”.
9. En “The Meaning of ʻMeaningʼ ”, Putnam presenta otro argumento en apoyo de la retención del estereotipo. Nos dice: “La comunicación significativa requiere que la gente sepa algo acerca de lo que está hablando… Lo que sostengo es que se requiere que los hablantes sepan algo acerca de los tigres (estereotípicos) para que se considere que han adquirido la palabra “tigre”… ”. Pero, de esto, claramente, no se sigue que haya algo único que los hablantes deban saber y, además, no es claro por qué ha de requerirse que los hablantes tengan un conocimiento o que éste sea de tigres estereotípicos.
Algo de suma importancia en este enfoque es que el mismo tiene fundamentos totalmente diferentes a los que Putnam considera. Nada tiene que ver con el requisito de que “la gente sepa algo acerca de lo que está hablando”. Está en plena relación con consideraciones muy generales acerca del papel que desempeña una teoría de la interpretación, un papel que fija el objetivo teórico de la noción misma de significado.
10. Nuevamente en “The Meaning of ʻMeaningʼ ” se sugiere otro argumento. Este comienza con la cuestión acerca de cómo ha de describirse el significado de una palabra para una clase natural.
Putnam rechaza las reglas austeras (cf. § 4) porque nada dicen acerca del significado de la palabra que presentan. Si en su lugar presentamos una regla como

(A2) “es agua” es verdadero de α sii α es H2O,

Putnam señala que ésta no es una descripción del significado de la palabra “agua”. Podríamos explicar este rechazo de Putnam señalando que (A2) falsificaría la comprensión que tiene el hablante ordinario de su lenguaje al falsificar su conocimiento. Lo que se necesita es una regla “informativa” que conecte la comprensión del hablante ordinario con lo que éste sabe. Y esto lo satisfaría la especificación estereotípica. Sin embargo, es simplemente falso decir que una regla austera nada dice acerca del significado de la palabra que presenta, sino que al pasar de la designación de una expresión (al lado izquierdo del bicondicional) al uso de la misma, registra, en castellano, un hecho contingente, aprendible acerca del castellano, que es lo que una teoría del significado debería intentar registrar.
Quizás el último argumento que Platts atribuye a Putnam no sea, para éste, un argumento, pues dado que un hablante competente no puede, en general, enunciar la regla que da el sentido definicional de una palabra para una clase natural, ¿hay algo más que deba saber por virtud de tal competencia? Entender una palabra, ¿debe implicar estar en algún estado cognoscitivo (“informativo”) determinado? Esta es una petición de principio en el argumento que le atribuimos a Putnam.
Dentro de su estructura teórica, Platts no tiene dificultad alguna para explicar la inaceptabilidad de (A2). La aceptabilidad de una teoría del significado está determinada, dentro de esta estructura, por el papel que desempeña dentro de una teoría interpretativa total del uso lingüístico que conduce a adscripciones plausibles de actitudes proposicionales, de creencias entre tales actitudes. Por esta razón se debe rechazar (A2), por lo inadecuado que es dentro de una teoría del significado, dado el papel que tal teoría desempeña dentro de una explicación total del uso lingüístico.
11. Aun cuando se haya eliminado la ilusión de trivialidad total acerca de las reglas austeras, es probable que aún quede alguna ansiedad a este respecto. Consideremos el caso en que intentamos construir una teoría del significado del castellano en castellano. Nuestro lenguaje objeto es parte de nuestro metalenguaje, el que excede al primero sólo por contener cierto vocabulario semántico. En tal caso, ¿no facilitaría demasiado nuestra tarea emplear reglas austeras?
Acerca de esto Platts hace tres observaciones breves. Primero, la aceptabilidad de una teoría del significado está determinada por la aceptabilidad de una teoría interpretativa total, de la cual es un componente. Al construir una teoría interpretativa del significado, estamos intentando construir una representación teórica (proposicional) de nuestras capacidades prácticas usuales. Ciertamente, cuando dentro de las restricciones de la interpretación en general presentamos una teoría del significado que incluye reglas austeras, aún quedan cuestiones por resolver acerca de qué verdades enuncian tales reglas austeras; pero la idea de que debe haber alguna forma no austera de decir cuáles son esas verdades, es una idea de naturaleza reductiva que es incoherente si se la adopta como una restricción general.
La siguiente observación explica el uso de Platts de “parecido a” al dar reglas austeras. Aun si, en general, usamos una estructura de interpretación austera en el caso inglés-inglés, surgen cuestiones sustanciales acerca de la “gramática lógica” de las expresiones en el lenguaje que se estudia. Por ejemplo, la discusión reciente de la semántica de los términos de masa (mass terms) muestra que no hay nada trivial en la construcción de una teoría del significado para el inglés, incluso cuando se acepta la austeridad en principio.
En la tercera observación, Platts señala que al presentar la explicación de Putnam acerca de los términos para clases naturales, siguió de cerca su presentación esbozando un cuadro histórico de cómo se introducen tale términos a un lenguaje. Pero lo que importa es distinguir a los términos para clases naturales de otros tipos de términos para clases, por referencia a su funcionamiento dentro de un lenguaje. Determinar cuáles sean los criterios a usar para lograr una clara distinción semántica entre términos requerirá tanto de una consideración de los objetivos generales de la interpretación, como del papel que desempeñan, dentro de teorías interpretativas, las asignaciones de propiedades estrictamente semánticas; aceptar una austeridad general no resuelve para nosotros esta cuestión.
12. El autor considera un último argumento para la retención del estereotipo. En “Is Semantics Possible?” Putnam plantea la posibilidad de que los limones se tornen azules y “se queden así”. Dice que, “con el tiempo limón llegaría a tener un significado con la siguiente representación:

limón: palabra para          

 clase natural

características asociadas: cáscara

 azul, sabor ácido, etc.

Entonces, ʻlimónʼ habría cambiado su significado”. Esto es, cambios en la descripción estereotípica producen cambios en el significado, así que el estereotipo debe ser parte del significado.
Para obtener esta conclusión se requeriría que cualquier cambio en el estereotipo implique un cambio de significado. Pero, ¿es esto así?
Platts indica que va a cambiar de terminología. En lugar de hablar de mismidad o de diferencia de significado, hablará de mismidad o diferencia de conceptos. Su pregunta no es “¿tiene limón el mismo significado que tenía hace doscientos años?” sino, más bien, “¿expresa limón, ahora, el mismo concepto que expresaba hace doscientos años?”
Debemos distinguir entre conceptos y concepciones. Por ejemplo, mi concepción de un limón se descubre viendo qué propiedades de los objetos sirven mejor para explicar mi identificación de objetos dados como limones (lo sean o no). En muchos casos habré sostenido explícitamente creencias acerca de cuáles sean tales propiedades; cuando tales creencias sean verdaderas, mi estereotipo de un limón constituirá, en general, parte de mi concepción de lo que es un limón.
Las cuestiones acerca de la mismidad o diferencia de conceptos se resuelven mediante cuestiones acerca de cuál sea la teoría interpretativa correcta. Tales cuestiones, a su vez, están limitadas por la condición de plausibilidad en la adscripción de actitudes proposicionales, entre las que se cuentan las creencias.
Una teoría interpretativa que resuelva “cuestiones conceptuales” debe tener como resultado asignaciones plausibles de actitudes proposicionales. Si no se atribuyen inteligiblemente las actitudes proposicionales que se asignan bajo un esquema de mismidad de concepto, entonces hay diferencia de conceptos. Así que la diferencia, o mismidad, de creencias tiene una íntima conexión con cuestiones de mismidad o diferencia de conceptos. Por tanto, no hay ninguna fórmula nítida acerca de las relaciones entre mismidad de concepto y mismidad de concepción, pues no hay ninguna fórmula nítida para la interpretación.
13. Las moralejas generales que hemos de extraer de lo anterior son obvias. Claro está que la “fuerza de los hechos” no debe debilitarse; claro está que si todo lo que tenemos son teorías del significado, hay algo terriblemente equivocado en todo esto. Pero la solución no es volver a una charla casual, ni siquiera a una charla filosófica causal, acerca de “significado” al enunciar “cuatro verdades” sobre semántica.
Putnam nos dice en un lugar: “Lo que hasta ahora hemos analizado es el sentido predominante de las palabras para clases naturales (o, más bien, la extensión predominante). Pero las palabras para clases naturales poseen, típicamente, diversos sentidos...” Tal expresión es oscura y enigmática.
Hablando en términos generales, dentro de la tradición fregueana uno encuentra, por ejemplo, la interesante sugerencia de que una regla que pretenda dar el sentido de una expresión, es una especificación adecuada de tal sentido sólo si el conocimiento de la verdad expresada por tal regla bastase para entender esa expresión.
Dada esta idea relativamente exacta, Putnam no ha dicho nada para mostrar que las palabras para clases naturales “poseen, típicamente, diversos sentidos”. Ni, dada esa idea, podría dársele sentido alguno a decir que el “sentido predominante” es la “extensión predominante” puesto que así sólo se confunde una noción ligada al conocimiento de verdades, con una ligada al conocimiento de objetos. Hay una noción de sentido en el castellano ordinario, como lo muestra Platts en su última oración; pero el alcance que tiene esa noción y las verdades enunciables mediante ella, sobre nuestras teorías del significado y, así, sobre nuestra noción teórica de significado (o sentido), es un problema sustancial.
14. Una moraleja provisional final es menos obvia. Putnam rechaza la idea de que el “problema central” en semántica es: ¿cómo llegamos a entender una nueva oración? Aparentemente, su tesis es que mucho más importante es la pregunta “¿cómo llegamos a entender una nueva palabra?”
Frege sostuvo que preguntar por el significado de una palabra aislada, no en el contexto de una proposición, nos obliga casi a caer en el psicologismo. Este pensamiento de Frege parece estar bien ejemplificado en la explicación de Putnam. Su retención de la descripción estereotípica como parte del significado de una palabra para una clase natural se identifica con el psicologismo al dar razón de la comprensión de los hablantes de tales palabras.
El psicologismo, en la teoría de la comprensión, falsifica la fenomenología del uso del lenguaje; esa falsificación recibe su imagen especular “teórica” en explicaciones psicologistas del sentido. Mientras mayor es nuestra competencia en el uso de un término, menos necesitamos apoyarnos en tesis acerca de sus “criterios” asociados de uso en nuestra aplicación de ese término; lo que permite introducir la posibilidad, que la explicación de Putnam no incluye, de que la comprensión de ese término trascienda las diferencias en creencias (estereotípicas) de los hablantes.
Platts subraya que nunca ha comprendido plenamente el fundamento de la conjetura de Frege acerca de cómo estamos “casi obligados” a caer en el psicologismo si consideramos a la palabra como la unidad primaria de significado. Pero aun cuando el psicologismo de Putnam tiene otras fuentes, su sorprendente ejemplificación de la advertencia de Frege muy bien podría hacernos reconsiderar tal conjetura.
[J.A. Robles]
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