Crítica, Revista Hispanoamericana de Filosofía, Volume 10, number 28, April 1978
The Justification of Equality
[]
Thomas Nagel
Princeton University

Abstract: El autor comienza observando la existencia de cuatro tipos de igualdad, la política, la social, la legal y la económica. Luego apunta que la igualda económica es necesaria para proteger a los otros tres tipos de igualdad. Sin embargo, la defensa de la igualdad económica puede no ser la defensa de la igualdad per se, y esta última es la que constituye una idea moral básica.
Menciona dos argumentos en favor de la igualdad económica: uno de tipo utilitario y otro que también puede ser deontológico. El primero señala que la consecución de la igualdad económica puede resultar inaceptable porque viola ciertos derechos individuales.
Hay dos tipos de argumentos en favor del valor intrínseco de la igualdad, a saber, el comunitario (la igualdad es buena para la sociedad considerada como un todo) y el individualista (la igualdad es un principio distributivo para resolver conflictos entre individuos diferentes entre sí).
El autor escoge el punto de vista liberal de J. Rawls porque éste ha intentado una justificación individualista del mismo. En esta forma, aunque oponiéndose a Rawls, el autor elucida la concepción moral que subyace a la teoría de aquél.
Rawls usa un principio igualitario según el cual la igualdad en la distribución de las libertades políticas y personales es más importante que la igualdad de los otros beneficios. Sin embargo, la desigualdad sólo se justifica cuando beneficia a los menos favorecidos enla escala social.
Rawls usa un principio igualitario según el cual la igualdad en la distribución de las libertades políticas y personales es más importante que la igualdad de los otros beneficios. Sin embargo, la desigualdad sólo se justifica cuando beneficia a los menos favorecidos en la escala social.
Rawls usa un principio igualitario según el cual la igualdad en la distribución de las libertades políticas y personales es más importante que la igualdad de los otros beneficios. Sin embargo, la desigualdad sólo se justifica cuando beneficia a los menos favorecidos en la escala social.
Rawls ofrece dos tipos de argumentos, uno intuitivo y otro teórico. Ambos van dirigidos a eliminar la posición utilitarista. El autor considera primero el argumento intuitivo, que consta de tres puntos: 1) No es razonable aceptar un prospecto de vida más bajo para favorecer a otros. 2) Las contingencias naturales y sociales que influyen el bienestar de las gentes, no son justas. 3) El utilitarismo aplica el método de la decisión individual a los problemas sociales.
Del primero dice el autor que, para ser válido como objeción a la compesación interpersonal que propone el utilitarista, necesita una premisa según la cual es peor sacrificar a los que están abajo que a los que están arriba enla escala social. Pero ésta es la conclusión que se busca probar.
El segundo punto asume demasiado porque presupone que las desigualdades tienen que justificarse. Aún si las desigualdades no benefician a todos bien puede ser que los beneficien en alguna medida.
Del tercero dice que la generalización del caso de un individuo al caso general no está justificada en sí misma, pero tiene en principio un atractivo cuya eliminación exige proponer una mejor alternativa.
Sin embargo, el autor piensa que el último punto es interesante porque lo que está en cuestión son los individuos. La cuestión es, entonces, si (a) los que están en peor posición tienen un derecho primario como quiere el liberalismo igualitario, o si (b) preferir a los que están en la peor posición dañaría los derechos de otras personas en lsu libertad y en la protección de sus otros derechos, como quiere la teoría liberal de los derechos fundamentales o garantías del individuo; o si finalmente (c) esa preferencia ignoraría los derechos de otros, que no están entre los peor situados y que se beneficiarían mucho más si se adoptara una política menos igualitaria como quiere el utilitarismo.
El autor cualifica que aun cuando ésta parece una discusión acerca del valor de la igualdad, se trata en realidad de una disputa acerca de cómo debería tratarse a la gente en forma igual. Es decir, los tres puntos de vista asumen la igualdad moral entre las personas pero difieren en su interpretación de esa igualdad. Si bien todos intentan dar igual importancia al punto de vista de cada persona, esto depende de dos cosas: lo que es moralmente esencial para ese punto de vista y cómo debe combinarse lo que es importante para cada una de las personas.
El utilitarismo es objetable porque, aun cuando parte de las demandas de los individuos, una vez que éstas se calculan desde el punto de vista mayoritario resulta difícil que cada uno obtenga satisfacción.
La teoría liberal de los derechos resulta demasiado rígida e impide tomar medidas que prevendrían males mayores. A diferencia de la teoría utilitarista, que introduce un punto de vista impersonal que decida cuál es el camino a seguir, la teoría de los derechos no permite un punto de vista único que resulte de la combinación de los puntos de vista individuales. Empero, en la medida en que defiende un mínimo de derechos como inviolables, deja una gran parte de la vida humana libre de restricciones y conduce en forma natural hasta las teorías liberales del estado polícia. Por otra parte, esta moralidad excluye un buen número de elecciones por la manera en que logra la unanimidad.
El igualitarismo liberal es menos igualitario y usa una noción más viva del punto de vista personal al establecer un orden de prioridad de las necesidades, dando preferencia a las más urgentes. La prioridad incluye la vida de la persona y el intento de evitar los peores prospectos para ella misma y para sus allegados. La dificultad consiste en el criterio de la urgencia: o bien se construye un criterio objetivo o se lo construye subjetivamente y entonces difiere de persona a persona. Luego quedan otras dificultades, como la de qué intereses son más urgentes y si se antepone la igualdad material a la espiritual o no.
Los detalles de una posición igualitaria —concluye el autor— dependen de varios factores, pero queda una cuestión que por simple resulta la más difícil: si los intereses de las diferentes personas deben combinarse por mayoría o mendiante una forma de unanimidad.
Esta última es la posición de Rawls. Aún suponiendo que tuviera lugar una elección en las condiciones que Rawls especifica y que esa elección decide es lo correcto. ¿Expresaría esa elección las restricciones de la moralidad? ¿Sería verdad que los números no cuentan y que lo que importa es la urgencia?
Dos cuestiones resultan cruciales: la primera, si la igualdad moral debe interpretarse en términos de unanimidad o de mayoría; la segunda atañe a la comprenhensividad de la moralidad y la objetividad de la clasificación en orden de procedencia de los intereses moralmente relevantes.
Las respuetas a la primera consisten, o bien en tratar de incluir cada punto de vista y encontrar soluciones aceptables para cada uno, o bien en encontrar un nuevo punto de vista combinando los puntos de vista individuales. El autor propone un método que consiste en escoger la alternativa menos inaceptable considerando cada punto de vista. Esto no implica que siempre deba ayudar al peor ubicado en la escala social. Este método logra una solución que toma en cuenta a todos sin dejar de discriminar los puntos de vista individuales.
Respecto a la segunda cuestión, se incluye un criterio bastante objetivo de aceptabilidad o inaceptabilidad que puede eliminar las medidas subjetivas y limitar lo que se espera que cada individuo sacrifique en beneficio de lo demás. El criterio de urgencia determinará esos factores.
¿Cómo justificar ese método? El autor piensa que responder esa pregunta presupone responder estas otras: ¿Cuál es la fuente de la moralidad? ¿Cómo influyen los intereses de los demás en el razonamiento moral? ¿Implica esto una manera según la cual esos intereses deben considerarse en combinación?
La respuesta del autor es que la forma general del razonamiento moral incluye el acto de ponerse en la posición de las otras personas y aceptar una preocupación impersonal por ellos, que corresponda a la preocupación impersonal que uno mismo debe aceptar respecto de sí para evitar una incongruencia entre las actitudes hacia sí y hacia los demás. La idea es amar al prójimo como a sí mismo pero no más de lo que uno se ama a sí mismo cuando se contempla desde fuera.
La preocupación impersonal que así resulta, es fragmentada por que incluye una preocupación para cada persona y se realiza al mirar al mundo desde cada punto de vista, separada e individualmente. Así ubicados se mantienen intactos los puntos de vista y se da prioridad al más urgente. Todos los intereses con alguna objetividad tienen que encontrar un lugar aún si se tiene que conceder un lugar especial a alguno(s).
[E. Villanueva]
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