Crítica, Revista Hispanoamericana de Filosofía, Volume 12, number 34, April 1980
Nietzsche and Anthropomorphism
[Nietszche y el antropomorfismo]
George J. Stack
State of New York University at Brockport

Abstract: Uno de los temas recurrentes enla filosofía de Nietzsche es el de la influencia del antropomorfismo sobre nuestra concepción de la verdad y la realidad. La “humanización” del mundo en aras de la vida y la de la naturaleza en aras de su dominio son ideas centrales en su pensamiento. Desde sus primeros escritos examina el lenguaje y ciertos conceptos que aceptamos acríticamente y descubre una tendencia aparentemente inevitable a describir y entender lo no humano en términos de actitudes, sentimientos, impulsos y emociones humanas. Es más, duda de que seamos capaces de entender algo a menos que usemos nociones derivadas de nuestras relaciones sociales, de nuestra auto-reflexión o del lenguaje que empleamos para describir el “yo”. La actitud de Nietzsche frente a la tendencia del pensamiento humano a la antropomorfización es clara: acepta que es inevitable y presenta su propia concepción de la realidad como “voluntad de poder” sobre la base de un antropomorfismo conscientemente adoptado. El objetivo de este artículo es mostrar cómo el antropomorfismo —que Nietzsche descubrió tan agudamente en el pensamiento de otros— estorbó su intento de trascender el punto de vista humano y lograr una visión de una presunta “realidad” deantropomórfica.
El artículo de George J. Stack se divide en tres partes. La primera la podemos llamar lenguaje y verdad. El lenguaje, según Nietzsche, no puede representar la naturaleza “verdadera” de las cosas, no puede expresar la “verdad pura” y tampoco puede “pintar” o describir la realidad. Sólo puede usarse para designar “las relaciones de las cosas con el hombre” y para expresar esas relaciones en términos metafóricos. La verdad es, primariamente, una convención socialmente determinada que requiere que usemos “metáforas acostumbradas”. La verdad es “una flota en movimientos de metáforas, metonimias y antropomorfismos”, una “suma de relaciones humanas” que se “encarece, traspone y embellece poética y retóricamente”. Nietzsche da tres razones por las cuales el lenguaje es inadecuado para “pintar” la realidad: (1) los lenguajes usan abstracciones, asumen “identidades” simplificadoras y son incapaces de emplearse para describir la riqueza, diversidad y complejidad de la experiencia inmediata; (2) los lenguajes emplean metáforas y antropomorfismos que originan una pintura de la realidad poética y humanizada que es, presumiblemente, “falsa”, y (3) el lenguaje se usa para describir “apariencias”, que son constituidas por nuestra “organización”, y no puede usarse para describir las “cosas en sí mismas”. Si el lenguaje tiene la estructura que Nietzsche le atribuye, entonces todo intento de expresar la “verdad” por medio de él está condenado al fracaso.
Lo que Nietzche dice acerca de los usos de los lenguajes naturales vale igualmente para la expresión lingüística de las “verdades” metafísicas. De ahí surge su agnosticismo acerca de la verdad de las tesis metafísicas. Pero Nietzsche no sólo rechaza el conocimiento metafísico, sino que rechaza, además, el “conocimiento empírico”; lo cual muestra Stack mediante un estudio cuidadoso del análisis crítico que Nietzsche hace de la interpretación científica del “mundo”. La conclusión de este análisis es que la “interpretación” científica del “mundo” también está infectada por el “elemento antropomórfico en todo conocimiento”. Por tanto, no puede decirse que la ciencia muestre una “pintura” objetiva de la realidad. En suma, el mundo simplificado, ordenado y organizado por la “organización” cognitiva y sensible del hombre, por sus conceptos y lenguajes, por sus categorías científicas y filosóficas, es necesariamente un “mundo humanizado”. De esta manera, según Nietzsche, el pensamiento no puede trascender el punto de vista humano ni escapar a su perspectiva antropocéntrica.
La tesis nietzscheana de la inevitabilidad de una interpretación antropomórfica del mundo es crucial para su “hipótesis” de la “voluntad del poder” como un principio metafísico de explicación. La idea de la “voluntad de poder” aparece prefigurada en el ensayo inédito “El debate de Homero” y explícita en Así habló Zaratustra, donde afirma que la esencia del hombre es la “voluntad del poder”. La extensión de la “voluntad de poder” al campo de los procesos inorgánicos no es un producto de la que llaman su filosofía “posterior”. Por el contrario, su teoría de la universalidad de la voluntad de poder complementa sentimientos expresados por Nietzsche en las etapas tempranas de su reflexión y concuerda con su descubrimiento de una voluntad de poder psicológica en el hombre.
La segunda parte del artículo se titula sensación y antropomorfismo. Para Nietzsche, el proceso de la sensación es activo porque no hay una recepción pasiva de “impresiones sensibles”. Por el contrario, existe una actividad que es selectiva, simplificadora y que está condicionada por intereses, emociones e impulsos, la cual da forma a la experiencia sensible. Así, el mundo sobre el cual han actuado nuestro ojo y nuestra psicología es un mundo para nosotros, un mundo que hemos formado por medio de nuestros sentidos en aras de la simplificación y la satisfacción de nuestras necesidades pragmáticas. Ahora bien, “si todas nuestras categorías de razón tienen un origen sensible”, si se derivan del “mundo empírico” que experimentamos, entonces el mundo “externo”que conocemos está estructurado de acuerdo con las limitaciones de nuestros sentidos. En suma, el mundo cualitativo que experimentamos a través de los diversos sentidos nos pertenece solamente a nosotros solos. Es un mundo con ciertas perspectivas que, asumimos, es completamente diferente del mundo perceptual de otras criaturas. Este mundo es, por tanto, “verdaero” para nosotros; es un mundo de experiencia humanizada. Nuestro mundo sensible es antropomórfico y la percepción sensible del hombre no puede trascenderse. Nuestros sentidos y “categorías de razón” implican el ordenamiento del mundo con fines utilitarios; podemos explorar la naturaleza del mundo adoptando, conscientemente, una perspectiva inevitablemente humana sin pretender verdades de tipo apodíctico ni “hacer absoluto algo condicionado”. La filosofía —como la ciencia— debe trabajar con supuestos provisionales, hipótesis regulativas, ficciones convencionales y principios fenomenológico, sin suponer que tiene acceso a la “verdad pura” o al “conocimiento puro”.
La terce y última parte se intitula la interpretación dinámica del mundo. En esta parte el autor del artículo muestra cómo y por qué Nietzsche proyecta su principio de la “voluntad de poder” al mundo inorgánico. Esto lo hace examinando la teoría dinámica de la naturaleza que es la “hipótesis” científica sobre la cual Nietzsche edifica su “hipótesis” filosófica de una voluntad-fuerza expansiva que actúa a través de las entidaddes dinámicas.
[Sebastián Lamoyi V.]
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